La científica chilena Dra. Patricia Burgos, quien estudia en su laboratorio los blancos celulares y moleculares de la cloroquina, advirtió que, si bien este fármaco podría tener efectos positivos en pacientes hospitalizados por el COVID-19, su administración doméstica tiene riesgos para la salud. “No es un medicamento inocuo”, afirma la investigadora del Centro de Envejecimiento y Regeneración de la Universidad Católica (CARE) y académica de la Facultad de Medicina y Ciencia de la Universidad San Sebastián.

“Cuando una persona se hospitaliza, el tratamiento con esta droga podría reducir un poco la carga viral, pero los equipos clínicos deben controlar muy bien sus efectos en la función, renal, hepática y cardíaca. Es decir, solo es posible consumirlo bajo supervisión médica. Que las personas vayan a la farmacia y lo consuman pensando que le hará bien, es un serio riesgo para la salud de la población”.

Estudios en China y Europa, no concluyentes y realizados en medio del brote de infección en ambas latitudes, pusieron a la cloroquina –un antipalúdico utilizado principalmente contra la malaria y el lupus y que está en la Lista de los Medicamentos Esenciales de la OMS– como un posible tratamiento para frenar la pandemia.

Pero no fue hasta la semana pasada, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recomendó su uso, que la fiebre sobre la cloroquina se disparó. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud, OMS, ha llamado a la mesura ante la falta de evidencias científicas que respalden el uso clínico de este y otros fármacos.

“Si una persona común y corriente consume eso puede ser súper peligroso”, añade la investigadora del CARE.

“Este fármaco tiene propiedades que pueden ser usadas y podrían ayudar a su cuadro clínico al reducir su carga viral, pero no es la cura contra la enfermedad misma, sino más bien un aporte al reducir el umbral de cuán eficiente es el virus. Si bien esta droga se usa en humanos en otras enfermedades, principalmente artritis y lupus, se hace en dosis distintas y en un cuadro clínico diferente. Por eso, su uso debe ser determinado por un médico”.

Estudios en otros coronavirus

Descrita en 1934 por el científico ítalo-alemán Hans Andersag, la cloroquina se utiliza esencialmente para prevenir y tratar la malaria (aunque también para el tratamiento de la artritis reumatoide y el lupus eritematoso generalizado). El compuesto era usado por pueblos indígenas en Perú, que lo extraían de la planta Cinchona, para combatir la fiebre. Luego sería exportada a Europa y hace más de 70 años que se utiliza masivamente.

La Dra. Patricia Burgos analiza el efecto de la cloroquina y otros compuestos similares en enfermedades crónicas –como el Alzheimer y la obesidad– y cómo pueden perturbar funcionalmente los compartimentos acídicos, rutas de tráfico intracelular y la autofagia. Según explica, la aplicación del medicamento en la pandemia tiene que ver con que ya había sido estudiado como un freno a la replicación celular de otros patógenos de la familia coronavirus.

Lo que está dicho en literatura científica es que células in vitro pre-tratadas con estas drogas y después infectadas con el virus producen un número menor de partículas virales en comparación a células que no tienen ninguna droga. En resumen, tal como se había visto en otros coronavirus, la droga lo que hace es reducir la carga viral, pero es importante recalcar que no actúa previniendo nada”, afirma la académica de la USS.

La investigadora nacional explica que la cloroquina altera la capacidad del virus de replicarse, de acuerdo a un estudio reciente publicado por la revista Cell. El compuesto es capaz de alterar el tráfico intracelular de proteínas, modificando el pH ácido de compartimentos intracelulares membranosos y, más importante aún, la glicosilación de las mismas. Dicha funcionalidad es clave para que las proteínas puedan ejercer correctamente su tarea.

“Lo que plantea este estudio es que para que el SARS-CoV-2 nos infecte requiere ser reconocido por una proteína de superficie de nuestras células y altamente glicosilada denominada ACE2. La cloroquina altera su glicosilación y con ello afecta su capacidad de unir eficientemente a las partículas virales, primer evento en la replicación viral. Este mecanismo pudiera explicar tanto los resultados de experimentación in vitro como los ensayos clínicos que señalan que la cloroquina y la hidroxicloroquina reducirían la carga viral”, resume la científica del CARE.

Se inician análisis en pacientes

La cloroquina e hidroxicloroquina han estado en el centro del debate luego de que el presidente Trump intensificara las presiones sobre las agencias regulatorias y la comunidad científica con el objetivo de eliminar las barreras y obtener rápidamente terapias contra el coronavirus para pacientes. “Ha existido durante mucho tiempo, así que sabemos que si las cosas no salen según lo planeado no va a matar a nadie”, dijo Trump.

Utilizada para tratar la malaria y enfermedades autoinmunes, la cloroquina podría tener cierta actividad protectora contra el Covid-19, según sugieren algunas evidencias preliminares luego de que médicos en China, Estados Unidos y Europa la utilizaran de manera experimental en pacientes.

Un reciente estudio chino dio cuenta de señales de eficacia. Y aunque los autores del reporte recomendaron al gobierno de ese país incluirlo en las guías de prevención y diagnóstico contra la enfermedad, sus resultados aún no han sido publicados. También en Francia fue anunciado un estudio sobre la efectividad de la cloroquina, aunque los hallazgos carecerían de sustento metodológico, según organismos científicos.

Pese a que es considerado como un medicamento seguro para la mayoría de los pacientes, el antipalúdico también podrían generar efectos secundarios. “Por ello, es crítico que la población entienda que no deben consumirlo por propia iniciativa”, remarcó la Dra. Bustos. De hecho, hace algunos días, autoridades de Nigeria informaron que dos personas se intoxicaron con su variación química llamada hidroxicloroquina.

La Organización Mundial de la Salud ha llamado a la mesura ante la falta de evidencias científicas que respalden el uso clínico de este y otros fármacos. “No hay evidencia de que sea un tratamiento efectivo en este momento. Recomendamos que las terapias se prueben bajo ensayos clínicos aprobados éticamente para demostrar eficacia y seguridad”, dijo la Dra. Janet Díaz, perteneciente a la entidad sanitaria global.

Pese a ello, desde el pasado domingo 22 de marzo, varios centros hospitalarios europeos han comenzado a llevar a cabo un estudio en más de 3.200 pacientes. Para la Dra. Burgos, dicha validación es clave para comprender con un mayor sustento cuán efectiva es la droga en el tratamiento de la pandemia y si es segura para los pacientes.

La científica de CARE de la PUC y la USS espera que los resultados de la investigación multidisciplinaria a nivel mundial puedan contribuir a definir protocolos claros de esta y otras drogas en el tratamiento del COVID-19. “La suma de esfuerzos a nivel mundial se traducirán en encontrar un pronto tratamiento a esta pandemia, quiero mantener una mente positiva al respecto, hoy debemos esperar lo que la comunidad científica nos señale”. (Por Luis Francisco Sandoval y Gonzalo Rojas, Agencia Inés Llambías Comunicaciones).